Hombre gris con flor celeste

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HOMBRE GRIS CON FLOR CELESTE

A ese hombre que sólo ven en grises

lo soñaron en colores.

Imaginaron sus márgenes y sus espacios,

sus temperaturas y texturas,

sus olores y sus ritmos,

sus entornos y sabores.

Como en una acuarela

subastada a la muerte del pintor,

lastima la descripción.

Autores… autores…titulen sus obras

para no confundir amores.

Ese hombre… era tan hombre

que sacrificó sus colores

por el calor de una flor.

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Poema del libro “Custodios”.

El Ramo (hierro y flores de tela pintadas) Gerardo Feldstein. Muestra “Nos Otros ” Museo Casa Carnacini  año 2016.

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Moro mío

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Morena quisiera ser para

que mis soles no te den desilusiones.

Que me arde tu fulgor

sobre el blanco de mi piel

y me deslumbra al danzar

ese querer y no querer

ese aflojar y retener

ese avanzar y retroceder,

que tu corazón ole ciñe mi padecer

y no sé si resistiré el calor de pertenecer,

pero… por favor… inténtale.

Abrázame fuertemente

báñame con lo oscuro de tu pelo y tu piel,

llámame con el repiqueteo vibrante

de tus pies sobre el tablado,

que he ensayado seguirte desde que te he mirado

y aunque rubia yo he nacido siento la sangre calé.

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Poema del libro “Custodios”.

Obra de la artista plástica Lucy Mattos.

Pasional

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Rebasaste toda

mi legalidad.

Imperaste en mi

vulnerabilidad.

Fuiste el extremo

de mis excesos.

El tembladeral

de mi equilibrio.

La posible sinrazón

imposible.

El riesgo

de toda seguridad.

La potencia vital

en su esencia.

La locura que sólo

reconoce cuerdas musicales.

El punto “G” de mi tiempo,

eternidad soñada.

Fuiste…la pasión.

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Oleo “Mujer del sombrero” de Enrique Crivellari.

Dime Vera

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Dime Vera

cómo es el vocabulario

de ese idioma visual

que tu me enseñas.

Dame recetas

de morteros

de formas y de colores,

llévame al equilibrio

para que mi dibujo

no caiga de ningún lado.

Dime Vera

cómo se construyen murales

que nunca formarán cárceles

y  con qué otras dimensiones de

 la libertad  me sorprenderás

la próxima clase.

Te digo

que te encontré a la vera

de mi camino de palabras,

y ellas, tan devaluadas,

enredadas, arbitrarias y espiadas

se pusieron celosas

de mis nuevas alas.

Al principio se sintieron relegadas

pero han entendido

por fin esta magia,

tan expuesta

y a la vez inviolable,

global y democrática.

Que vean, que por cualquier medio

cualquiera vea las obras,

no sabrán mis sentimientos

ni siquiera es lo importante,

con sus sentimientos basta.

Te digo Vera

que  me haz liberado del espionaje

de los símbolos externos convencionales,

por primera vez

sé para mí, porque se sonríe

la Mona Lisa.

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En el día de su cumpleaños, autorretrato del artista plástico Fernando Marcelo Vera, mi primer profesor de arte, quien en dos minutos, sobre el plástico desgarrado de nuestra mesa de trabajo se dibujó.

Yo le dije gracias con este poema.

El tilo de la vereda

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De derecho real de dominio pleno

 te plantaron en el límite lindante

a mi pequeña vereda,

marcando el terreno de sus inmensidades

verdes, prolijas y nuevas,

no sabían el favor que hacían.

Creciste lentamente inclinándote

más y más hacia mi pobre espacio,

no alcanzaron los tutores que te pusieron

para  corregir tu celo.

Hasta que un día te vi tan rubio y bello

como un David en movimiento,

reclinado, entregado con ternura

esperando que me detuviera a mi regreso;

y ese rito mío de saludar al cielo

te encontraba a diario entrometido y risueño,

cuando me resistía a tu galanteo

te derramabas en una alfombra de flores amarillas

diciendo: “si no me quieres me muero”.

Las primeras veces fingiendo que me abría paso

te acariciaba distraídamente,

más y más bajaban y me buscaban tus ramas

hasta que sucumbí he inventando perfume te besaba

y con esa cachetada de realidad que nos envejece

me dijeron: “qué tanto con ese Tilo… si no huele a nada”.

Mentira contesté ofendida, huele a mañana temprano

a aliento de niño recién nacido y a silencio cuando respiro

la esperanza que el teléfono que suena sea su llamada.

Para no enloquecer de sentimiento un juez imparcial

vino a mi auxilio, mi nieta con su niñez de terciopelo

oliendo tu flor dijo: ”es muy suave… pero huele”,

toda mi trascendencia quedó salvada.

Llegó noviembre con esa tristeza mía que me acompaña

y te llenaste de vainas… parecía que también llorabas.

Pero pronto comprendí que era tu traje de gala

lleno de flecos y que …madurabas.

Un día, uno de tantos, al abrir la puerta hacia mi entrada

en un rincón del suelo, en una grieta, una planta asomaba

con tus mismas hojas en pequeño y también con tu mirada.

¡Será de Dios…! Que apenas a unos pasos pero de mi lado

un hijo tuyo me has dado.

Nacido sin futuro, en lugar inadecuado, sin esperanza

no resistirá el trasplante entre cimientos y caños

pero crece tan insolente y fuerte que no me queda más

que disfrutar su existencia, atrapar su osadía

y repartir mis besos si llegan a florecer sus ramas,

después de todo ¿quién puede tasar la alegría?

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          Poema del libro: “Custodios”.

Sutil versus brutal

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¿Cómo pudiste no preservarlo?

¿Cómo gano la ostentación de poder y la vanidad del trofeo?

¿Cómo echaste una jauría para atrapar un pájaro?

y encima de perros voladores,

no le diste ni una chance .

El te creía Quijote

apostaba a tu hombría,

tu profundidad y singularidad,

mostraste vulgaridad y cobardía,

querías darle una lección

o producirle un temor

que como enredadera subiera por sus venas

hasta desconsolar su llanto.

Has logrado dolor… ¡felicitaciones!

un dolor de desperdicio de encanto

de travesura inocente muerta en estado de crisálida

de brisa escapada al silencio negro

de trinos en nido caído.

¿Tanto te encegueció …?

el tornasol del colibrí que en vuelo asomo

por tu ventana cada tarde.

La autopsia señaló que la muerte

fue a causa de asfixia mecánica por compresión;

cincuenta mililitros de saliva de sabueso

encontraron en su cuerpo,

sangre poca sólo pesaba uno con cuatro quilates,

las plumas pequeñas y esparcidas

barridas rápidamente,

aunque sus dos amigos el viento y el árbol

aún tienen algunas colgadas

por si las necesitara un ángel pequeño…

nunca se sabe lo suficiente sobre necesidades.

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Grabado- xilografía “Bestia” (Recreación-composición).

Poema del libro “Custodios”.

MAN

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Hombres, hombres, hombres,

como en un hormiguero pateado;

desconcertados, frustrados y llorosos unos,

disfrazados, agazapados y arrastrados otros.

Nosotros viendo  desde este nido de cóndor

tan lejano,

¿pero qué ha pasado…?

una bandada de palomas pasa coreando:

¡hirieron la república…hirieron la república…!

y el sonido queda en la inmensidad como un eco.

En el nido se opina:

supimos que antes acusaron a buitres y  caranchos,

pero qué ave los atacó ahora;

el búho que observaba todo

moviendo los ojos como en un cucú,

con tono pausado aclara:

esta vez no fueron pájaros, fueron insectos.

Hacia unos días que en el aire aleteaban

transparentes libélulas de esperanza y de justicia,

afuera olía como huele un nueve de julio,

pero cuanto más se acercaban

más se oscurecía el sol y se dieron cuenta

de que eran langostas;

¡fue tenebroso ver como se devoraban las cosechas!

Hombres, hombres, hombres,

como un hormiguero pateado.

Pasa otra bandada, ahora de loros barranqueros

que van chillando :

¡ha nacido un mártir…ha nacido un mártir…!

el sonido nuevamente perdura flotando .

Desde el nido vemos que en un pequeño lugar de madera

de allá abajo, en pleno medio día

brilla una estrella amarilla sobre un manto

y en las playas, los montes, la nieve, las montañas

y en toda las geografías de la  Argentina,

se ven niños eligiendo  piedritas cual racimos

de flores y frutos.

El búho retoma la reflexión:

lástima que para semejante nacimiento

debió morir un hombre,

desperdiciarse una oportunidad,

y triunfar una plaga.

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