“Amor Fatal”

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Verdades fanatizadas

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Toda verdad es una verdad a medias, sesgada y contaminada. En el mejor de los casos, bien intencionadamente parcializada por condicionamientos culturales y mediáticos. En esta coyuntura mediática y politizada, es un desafío no desatender nunca la estrechez de nuestra visión, por más informados que creamos estar.
Las verdades absolutas no existen, pero salir a defenderlas a viva voz resulta tentador.
El fanatismo nos tienta con sus cantos de sirena, nos promete contención y la irresistible sensación de sentirse parte de algo más grande que uno mismo. A cambio de la parcialidad de nuestra mirada nos abraza y nos cobija con mutuo entendimiento, pero nos cuesta caro. Tal vez, el más caro baluarte con el que contemos los seres humanos, el discernimiento.
Euge Miqueo

De muchos y pocos

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Y un día volvimos al país de los despidos y del ajuste. Al país de la represión y la persecución ideológica. Al país para pocos. Al país del vaciamiento del estado y de las empresas estatales ofrecidas al mejor postor. Volvimos al país de la indiferencia, al país de las mentiras en campaña. Al país del que me importa.
volvimos al país que duda de sí mismo, que mira para afuera y desprecia su idiosincrasia; que repele la cultura popular por considerarla burda y chabacana.
Volvimos al país de los lujos absurdos, de la mentira y de la ignorancia.
Volvimos al país de los pocos,dónde muchos se hunden ante la mirada ajena y esquiva de los muchos que dormidos creyeron ser de los pocos.
Euge Miqueo

La enseñanza de Gioconda

 

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Cuando esta mañana me levanté movilizada por haber estado ayer en la Plaza de Mayo – los Argentinos despedimos a la presidenta Cristina Fernandez de Kirschner luego de dos mandatos consecutivos- pensé que tendría que romper mis propias reglas y escribir de política; lo cual me llevó a reflexionar sobre el origen de esta regla autoimpuesta. Enseguida entendí que mi generación es hija de la tortura, de los desaparecidos y los perseguidos, del miedo a hablar de política y poner en riesgo la propia vida. Cuando retornó la democracia, las pasiones partidarias dividieron familias y se evitaba hablar de política para conservar la paz de la mesa. Desde la pasión desenfrenada pasamos a la apatía total, al descreimiento más absoluto y peligroso en el que se llegó a escucharse frases como “con los militares estábamos mejor”. En este país castigado y descreído llego la fuerza huracanada del sur que prometió cumplir un sueño. Cumplir sueños no es fácil, no puede hacerse de manera prolija y correcta, contentando a todos. Para cumplir sueños es necesario revelarse, enfrentarse a los condicionamientos culturales enquistados, para cumplir sueños es necesario apasionarse, y las pasiones encienden fuegos, polarizan y nos dejan muchas veces mal parado.
Anoche, venía tarde de la plaza, de vivir ese momento histórico en que un pueblo despide a su presidenta y le dice -gracias- cuando una barrita de pibes de 17 o 18 años sentada en la puerta de mi casa me sobresaltó. Agudicé mis sentidos para ver en que andaban, cuando escuche que hablaban de Perón. Comentaban los hechos que llevaron al derrocamiento del gobierno de Juan Domingo Perón y no pude más que alegrarme. Este gobierno dejó muchas cosas, leyes, derechos restablecidos y algunos conquistados por primera vez, pero lo que no puede negarse aún estando en las antípodas ideológicas y políticas, es que le devolvió a la juventud el interés por movilizarse, por entrometerse y por apasionarse, aún cuando estas pasiones traigan emociones huracanadas, discusiones y enojos.
Y mientras meditaba en estas cuestiones recordé una frase de Gioconda Belli “No se puede calzar en todos los moldes” y no, no se puede. Si se quiere vivir, si se quiere cumplir sueños, no se puede.

Euge Miqueo