De qué hablamos cuando hablamos de historia

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Hace pocos días se cumplieron 206 de la revolución de Mayo. Una fecha patria tan celebrada como desconocida. Estas líneas no pretenden ser una reflexión sobre aquella primera junta de gobierno porque evidentemente estarían llegando tarde, tan tarde como aquellas noticias que provenían del imperio colonial español, allá por 1810. Aquí nos proponemos reflexionar sobre el sentido histórico que se encarna en dichas conmemoraciones patrias y nuestra posición frente a éste.

¿Qué actitud tomamos ante dichas celebraciones? Generalmente la posibilidad que nos brinda el feriado de no asistir a nuestras obligaciones diarias se impone ante la reflexión crítica que da sentido a la definición misma del asueto. Y no está mal. Lo que importa es lo que hacemos con ese legado histórico todos los días.

En primera medida, acercarnos al conocimiento de los eventos del pasado de nuestra patria, como de la humanidad, nos da las herramientas para interpretar el devenir de nuestra configuración política, social, económica y cultural de la actualidad. El conocimiento es poder y el poder es acción.

Cada uno de nosotros representa un sujeto activo de la historia. Día a día construimos el legado que quizás figure dentro de muchos años en las páginas de textos escolares o de divulgación histórica. Algunos ejercen un papel protagónico por sus proezas, como aquellos hombres de mayo, y otros por sus imborrables desaciertos. Pero ninguno de nosotros es un sujeto pasivo, atravesamos la historia, la construimos desde pequeños o grandes papeles.

Mucho se ha leído sobre que la historia nos ayuda a no cometer los mismos errores del pasado. Pero pensar la historia de manera aleccionadora nos aleja de la acción, de la reflexión. Consideramos que la historia es un ejercicio necesario: nos ayuda a pensar nuestro presente y actuar en consecuencia. Los errores no son los mismos, las sociedades se complejizan y las lógicas de los hechos mutan con ella. Analizar la historia desde las necesidades actuales nos ayuda a configurarnos como sujetos activos, la vuelven funcional y dinámica, la ayudamos a salir del lugar marginal donde la depositamos como conocimiento estático e intransformable.

Entonces… ¿Cómo podemos repensar un hecho histórico como la revolución de mayo desde esta perspectiva? Accionemos. Indaguemos. Tomemos al conocimiento histórico y preguntémosle desde nuestro presente. Reclamémosle desde nuestras necesidades como sujetos individuales, pero también desde nuestra configuración como colectivo social. Hagamos del pasado algo más que el ejercicio del recuerdo.

Marianela Carrizo, historiadora. Estudiante de letras en la Universidad Nacional de San Martín.

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