“Para que no me olvides”- Marcela Serrano

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Vero es mi “Dealer”. Fue ella quien me proveyó de todos los libros de Marcela Serrano que leí  hasta ahora y fue ella también, quien jugando a la perfección su papel en esta gran cadena de sucesos que llamamos vida, me habló por primera vez de Gioconda Belli.
Algunas semanas atrás la llamé por teléfono y le pedí que me prestara algún otro libro de esta gran autora chilena, cualquiera que tuviera a mano. Se fijó cuales tenía cerca -Vero tiene toda la colección completa de sus novelas- y me dio a elegir entre dos títulos. Sin saber de qué se trataba cada uno seleccioné “Para que no me olvides”, mi elección se basó únicamente en cómo me impresionó el título.
“Para que no olvides” relata la historia de Blanca, una mujer de unos cuarenta y tantos años, de familia acomodada, casada y madre de dos hijos que se queda afásica. La afasia es la perdida total de la capacidad de producir lenguaje, problemática que yo, hasta entonces desconocía.
De este libro me gustó lo que me gusta de todos los libros de Marcela Serrano: esa capacidad maravillosa para crear personajes profundos y reales, que establecen vínculos comprometidos, que enaltecen al género humano. Sin embargo, y pese a  la calidad y claridad con la que Marcela crea a sus mujeres y los lazos entre ellas, esta vez, quien me llegó al corazón fue el personaje masculino: “El vikingo”. Llegando al final de la historia, “El vikingo”, haciendo gala de sus dotes de héroe me regaló una experiencia tan tierna como perturbadora que me dejo sin dormir hasta las cuatro de la mañana.
-No es real- no cesaba de repetirme a mí misma, mientras la fusión de emociones me mantenía en vilo.
Qué maravillosa capacidad que tienen los libros de generarnos sensaciones tan reales que nos dejan casi al límite de la locura. Vivimos una vida o vivimos varias, solo depende de cuantas historias hayamos leído.
#marcelaserrano
Euge Miqueo

“Lo que está en mi corazón” Marcela Serrano

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Luciano, protagonista masculino de la historia, despertó mis más bajos instintos. No Luciano, su decir italiano. La musicalidad romántica de su fraseo. No es una historia erótica, debo decir, ni siquiera de romance. Es una historia de resurrección, de tocar fondo. Como dice Camila, protagonista femenina de la historia, se trata de salir del cementerio de los vivos. De barajar y dar de nuevo.
La historia me resultó entretenida, llevadera y conmovedora. Me inundaron las ganas de conocer México, con sus paisajes pintorescos y autóctonos que tan bien describe la autora.
Como siempre, sus personajes femeninos, hacen gala de camaradería, amistad y compromiso, coronando esta postal con una frase para guardar: ” Las únicas mujeres que cuentan con amigas verdaderas son las que son conscientes de su género. Las demás, compiten y se sacan los ojos.”
También note, que Marcela Serrano, tiene cierta afición por dejar abiertas las historias románticas de sus personajes lo cual provoca cierta frustración, aficionada yo, a los finales teatrales. Sin embargo, éste no es motivo alguno para que no ocupe su lugar entre mis escritoras favoritas.
Pd: ” Es lo que está en mi corazón” es una frase que utilizan las mujeres mayas para cerrar sus historias. Debo confesar que si no me resultara un tanto histriónico, yo también lo adoptaría como muletilla.
Es lo que está en mi corazón,¡ nos vemos la próxima!
Euge Miqueo

“El albergue de las mujeres tristes” Marcela Serrano

El albergue de las mujeres tristes
Si tuviera que recomendarle un libro a una amiga que hace mucho que no lee, si quisiera persuadirla y que se deje conquistar por la literatura nuevamente, seguramente no sería éste libro el que le recomendaría, sin embargo, me dejó muchas reflexiones importantes. No me conquistó de entrada ni me cautivó desde el primer párrafo, pero su lectura me resultó amena y entretenida. Cuando esperaba que el  libro terminara sin demasiadas loas, en el último cuarto, me produjo varios momentos sublimes de exquisitos sobresaltos emocionales; saltos cualitativos de la consciencia que hacen que este libro se vuelva entrañable. Escuchando la cuarta sinfonía de Brahms, casi tan partícipe de la historia como las mujeres perfectamente descritas por la autora, la reflexión de Floreana -protagonista de la historia- me produjo el primer salto del corazón: “Duerme ahora, duerme creyendo que eludir el dolor no se paga”¿Brillante, no? ¿Quien no ha  querido salvarse alguna vez?. Ó cuando Elena -directora del albergue al que acuden las mujeres tristes- le explica la diferencia a Floreana entre un pobre y un avaro: “Nadie priva a otro de lo que no tiene”.
En un texto que promete una radiografía del amor y el desamor tampoco faltan los momentos eróticos y románticos bellamente recreados por la autora: “Existen seres, tanto hombres como mujeres, que los otros no pueden dejar de tocar, sea una mano,  un cariño en el pelo o un apretón en un músculo, en fin, algún gesto que desahogue,porque no tocarlos es una locura”.
Como cada vez que termino un libro no puedo despedirlo fácilmente. Lo miro, lo vuelvo a hojear, le hago anotaciones, o simplemente lo toco. Es quizás, una manera tosca de hacer aún más visible lo evidente, “El albergue de las mujeres tristes” ya forma parte de mi radiografía.