El pergamino de la seducción- Gioconda Belli

Cada libro de Giconda Belli que llega a mis manos, me revela parte de mi historia.
Como en una sucesión de hechos encadenados por el altísimo, cada texto, me habla al oído y me muestra algo mío que hasta entonces desconocía. A veces olvido que no somos amigas, su bravura, convicciones y su lucha me impregnan a través de su pluma que he llegado a creer, ha de ser mágica. Cada libro abre una ventana a través de la cual, al conocer a sus valientes criaturas me conozco un poco más a mi misma. Será por lo que ella misma explica en “El pergamino de la seducción” a través de Manuel, protagonista masculino de la historia: “-No es extraño, Lucía, pregúntale a quien quieras. Las ideas tienen propiedades magnéticas, atraen pensamientos de otros, revelaciones súbitas, coincidencias inexplicables.”
Como siempre, sus mujeres fuertes, valientes y rebeldes me llenan de inspiración y me incitan a salirme del molde que yo misma creé.
Su poesía crea momentos sublimes con frases que me acompañanan durante días, como cuando Juana de Castilla, protagonista de esta historia, relata su propio nacimiento: “Al fin, mi cabeza asoma y entre quejidos de alivio y un solemne silencio , las comadronas me arrancan del vórtice de mi origen y me revelan el titubeante mundo en el que ingreso.”  ¡Que manera tan bella de contar un nacimiento! Solemos decir que ante determinados acontecimientos de la vida, por impresionantes y abrumadores, nos quedamos sin palabras; esto parece no sucederle a la grande de Gioconda.
Lucía y Manuel en la era moderna hurgan en el pasado tratando de entender la historia de Juana de Castilla (Gracias a Gioconda nunca más Juana la loca), y Felipe el hermoso. Tratando de entender lo que Juana experimentaba, Lucía reflexiona: “Uno excusa a las personas que quiere porque condenarlas es condenarse a uno mismo
Finalmente, la frase que este libro sea inolvidable y que engrandece mi ya declarada devoción por la autora: “Puede quemar el fuego, pero también la nieve, y yo preferí arder

Gracias Gioconda!!!

Euge Miqueo

 

“El infinito en la palma de mi mano” Gioconda Belli

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Luego de haber leído varios títulos de un mismo autor, el lector admirador se siente un poco amigo. Compinche cercano,tal vez,  a quien le han confiado algunos secretos. Conoce su decir, su gusto y su fraseo. Con revolucionada fascinación e descubierto el año pasado a ésta autora, que con su estilismo poético y su coraje, me habla de mujer a mujer, me incita y me sorprende.
Los primeros textos a los que accedí datan de sus memorias guerrilleras, dónde su costado más valiente poblado de convicciones, se desnudan en las páginas de sus novelas feministas, fuertes y valerosas en las cuales yo también me sentí una “compañera”. A eso me tenía acostumbrada la querida Gioconda, a la acción, a la fuerza, y las convicciones.
 Éste libro es otra cosa. Es un dulce despertar de la consciencia. Inocente, bello, poético. Durante su lectura, me conmovió hasta las lagrimas más de una vez. Me llevo hacia una inocencia desconocida, me elevó.
“El infinito en la palma de mi mano” no es solo un libro, no es solo una historia, es nuestra historia.

La enseñanza de Gioconda

 

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Cuando esta mañana me levanté movilizada por haber estado ayer en la Plaza de Mayo – los Argentinos despedimos a la presidenta Cristina Fernandez de Kirschner luego de dos mandatos consecutivos- pensé que tendría que romper mis propias reglas y escribir de política; lo cual me llevó a reflexionar sobre el origen de esta regla autoimpuesta. Enseguida entendí que mi generación es hija de la tortura, de los desaparecidos y los perseguidos, del miedo a hablar de política y poner en riesgo la propia vida. Cuando retornó la democracia, las pasiones partidarias dividieron familias y se evitaba hablar de política para conservar la paz de la mesa. Desde la pasión desenfrenada pasamos a la apatía total, al descreimiento más absoluto y peligroso en el que se llegó a escucharse frases como “con los militares estábamos mejor”. En este país castigado y descreído llego la fuerza huracanada del sur que prometió cumplir un sueño. Cumplir sueños no es fácil, no puede hacerse de manera prolija y correcta, contentando a todos. Para cumplir sueños es necesario revelarse, enfrentarse a los condicionamientos culturales enquistados, para cumplir sueños es necesario apasionarse, y las pasiones encienden fuegos, polarizan y nos dejan muchas veces mal parado.
Anoche, venía tarde de la plaza, de vivir ese momento histórico en que un pueblo despide a su presidenta y le dice -gracias- cuando una barrita de pibes de 17 o 18 años sentada en la puerta de mi casa me sobresaltó. Agudicé mis sentidos para ver en que andaban, cuando escuche que hablaban de Perón. Comentaban los hechos que llevaron al derrocamiento del gobierno de Juan Domingo Perón y no pude más que alegrarme. Este gobierno dejó muchas cosas, leyes, derechos restablecidos y algunos conquistados por primera vez, pero lo que no puede negarse aún estando en las antípodas ideológicas y políticas, es que le devolvió a la juventud el interés por movilizarse, por entrometerse y por apasionarse, aún cuando estas pasiones traigan emociones huracanadas, discusiones y enojos.
Y mientras meditaba en estas cuestiones recordé una frase de Gioconda Belli “No se puede calzar en todos los moldes” y no, no se puede. Si se quiere vivir, si se quiere cumplir sueños, no se puede.

Euge Miqueo

“El país bajo mi piel” Gioconda Belli

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Mientras mis hombres duermen una siesta, en esta Mar del Plata nublada, yo vivo un momento exquisito y me condeno. Un mate medio tibio, un cuarto de alfajor comprado en Manolo -el más rico del mundo- leo con palpitaciones la introducción de “El país bajo mi piel” novela autobiográfica de Gioconda Belli. Sé, a ciencia cierta, que mi condena es efectiva, no habrá libro igual, capaz de producir el revoltijo de emociones que con solo un par de líneas, lograra la grande de Gioconda Belli. Salu!

Euge Miqueo

“El país de las mujeres” Gioconda Belli

El país de las mujeres
Lloré cuando terminé de leerlo. Gozo, alegría, emoción, corazón caliente, y una revolución sin precedentes me invadió mientras leía la última página.
Hace rato que no lloraba con un libro. De hecho, no sé si me pasó alguna vez, pero “El país de las mujeres” de Gioconda Belli me revolucionó.
En un suave in crescendo la autora nos va metiendo en la piel de Viviana Sansón, presidenta electa del país de Faguas (país ficticio del continente latinoamericano). La camaradería entre amigas, los sueños de un país mejor, una visión renovada del feminismo y perlitas de la propia vida de la autora hacen de este libro algo inolvidable y que invita a la reflexión.
“El país de las mujeres” es uno de esos libros que hay que subrayar, hacerle anotaciones al margen y comentarlo entre amigas lectoras.
Siempre paso un pequeño proceso de duelo cuando termino de leer un libro, me lleva tiempo despedirme de los personajes, guardarlos en el  arcón de los recuerdos. Este caso, no estaría siendo la excepción.

Día de la diversisad cultural


Frida Limones

“Los españoles decían haber descubierto un nuevo mundo. Pero ese mundo no era nuevo para nosotros. Muchas generaciones habían florecido en estas tierras desde que nuestros antepasados adoradores de Tamagastad y Cippatoval, se asentaron. Sabíamos medir el movimiento de los astros, escribir sobre tiras de cuero de venado. Cultivábamos la tierra, vivíamos en grandes asentamientos a la orilla de los lagos, cazábamos, hilábamos, teníamos escuelas y fiestas sagradas.
Nadie puede decir cual hubiera sido nuestra historia si tanta tribu no hubiese sido aniquilada. Los españoles decían debían civilizarnos, hacernos abandonar la barbarie. Pero ellos, con barbarie, nos dominaron, nos despoblaron”. Gioconda Belli “La mujer habitada”