Romance del nacimiento

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Miraba sólo el futuro,

de madrugada a la tarde

se consumía llorando,

sabiendo que iba a ser madre

a escondidas de la gente.

Casa no podría darle,

más que brazos de coraje

pero creciendo sin padre.

Pasaron las nueve lunas,

nadie se atrevía a hablarle,

de compañía su vientre

de sueño solo esperarles.

Tal vez el viaje fue largo,

ancho mundo pa encontrarle.

Llegó el día amanecido,

junto a la vida que nace

regresaron dos brazos hombros

atentos para tomarle.

Dos hombres en los extremos

que la vida supo darle.

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Sol

sol del tuyu

Eras célula incierta,

dudas de amigas

tu existencia,

conversación

en la cola docente

del salario en el banco.

Eras la búsqueda

amada y compartida

privilegio sutil

que me embargaba.

Te decidiste firme,

astral elección

de centellas y hadas.

Te imaginaba formándote

y humildemente

acompañaba la creciente

del vientre de tu madre.

Una noche…

me anunciaron

una novedad

y pensé…

serán dos pimpollos

mis nuevas amadas.

La sorpresa era

que yo sería tu

madrina encantada,

gozo, responsabilidad, expectativa.

Tu sonrisa

de ingenuidad plena

desde  los primeros días

surcó tu cara.

En esa cenas

que con el tiempo

se distanciaron

fue mi misión dormirte

y reconocer el fluido

de tu cuerpito pequeño

entre mis brazos.

Transcurrieron

entre las dos familias

sólo tiempos de llamadas,

agobiantes desafíos,

pero tu estampa descollaba.

De a ratos me quedé

un  poco sola,

dos de mis hombres me relegaban

eran mis hijos que maduraban.

Si bien nuevos escarpines rosas,

princesas y muñecas

me sumergieron

en un universo desconocido

que aún me abarca,

entre nosotras dos

confluyeron

tu adolescencia primera

y mi segunda estrenada,

fueron llamadas, secretos,

canciones y carcajadas.

Ahora tengo tres estrellas

en mis noches apagadas

dos nietas y una ahijada.

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Foto del sol de Mar del Tuyú,  tomado por Sol.

Poema  del libro “Custodios”, dedicado a mi ahijada Sol, en esta tarde de hoy que compartimos juntas.

Nacer a los veintisiete

Por @eugemiqueo

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Nací hace doce años una noche de primavera en un boliche del barrio de Palermo. Había archivado las expectativas y enterrado las esperanzas: El amor era para otra vida.

Como única compañera la soledad me había calado en los huesos pero su prima hermana, la libertad, comenzaba a conquistarme. Hacía y deshacía a mi manera,  sin brindar explicaciones ni recibir reproches; cuando al darme vuelta lo vi: Jean oscuro, camisa bordo, pelo largo que acariciaba los hombros mientras los movía al compás de la música. Él también me miró. Se acercó, se presentó y me pidió una pieza. Seis meses después, vivíamos juntos.

Mi segunda vida se parecía bastante a la primera, sólo que era completamente diferente. Me levantaba temprano, a la misma hora de siempre; desayuna café con leche, lo mismo de siempre; iba a trabajar, al mismo lugar de siempre; tenía tres amigas, las mismas de siempre.

Para el ojo ordinario, poco entrenado, casi nada había cambiado; sin embargo mi nueva vida nada tenía en común con la primera: ya no habito un cuerpo, sino dos. Ahora se con certeza lo que significa sentirse amado; llegar a mi casa tarde y encontrar el pijama preparado en el living y una luz prendida. Tener un día difícil y encontrar un oído dispuesto y  un abrazo a mano, un mate calentito acompañado, un silencio compartido y una caricia para mis pies helados.

 

Euge Miqueo

 

Desde las estrellas

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Desde las estrellas te vi.
Desde las estrellas te elegí.
Tus ansias me llamaban
Y tu vientre me clamaba.

Desde las estrellas te vi.
Desde las estrellas te elegí.
Tus virtudes me llenaron
Y tus faltas conformaron.
Desde las estrellas te vi.
Desde las estrellas te elegí
y esperé, paciente, el momento oportuno
en que tu aura iluminada
atendiera mi llamada.

Y la estrella se rompió
cuando el tiempo comenzó.
Fue entonces que me vi
cuando en tu vientre yo caí.

Palabras más palabras menos, según mi hijo de cuatro años, su nacimiento.

Euge Miqueo

Oda al Fracaso

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Hoy tengo una lista de fracasos para regalarte. Si. Uno a uno, mis errores quiero darte. Deseo, que desde temprana edad conozcas mis oscuridades. Que sepas que fui mala y mentirosa.Que actué con rencor y egoísmo. Que desee cosas que ni siquiera me atrevo a recordar. Quiero que sepas que fui desprolija, torpe y despistada. Que repetí primer año y no tuve amigas hasta bien entrada la secundaria.

Quiero que sepas, que de mis fracasos me edifique, que cambie tantas veces de carrera que ya perdí la memoria. Que me despidieron de varios trabajos y que fui cobarde.

Quiero que sepas, que ésta es tu mamá, rota, destrozada y vuelta a armar. Imperfecta. Ya ves, cachorro mío, has tenido suerte. Acumulé tantos fracasos como alegrías, de las cuales, vos sos su máxima expresión.

Con esta pequeña confesión no pretendo agigantar mi imagen heroica, sin falsa humildad quiero motivarte. Animate a fracasar vos también, prometo estar con vos para abrazarte. Se desprolijo e imperfecto. Disfruta del goce de intentarlo una vez más. Equivocate, cada vez que sea necesario, equivocate. No hay nada, pero nada, más muerto, opaco y aburrido que la perfección

Te amo siempre, mamá.

Euge Miqueo

 

Esperate

Suculentas

Mi abuela no decía esperá decía “esperate”. Con tono dulce, levemente entrecortado, como tratando de ordenarse, susurraba, “Esperate un momento”. Siempre me llamo la atención esa frase. Esperate. Cada vez que la decía, y eran muchas, yo me quedaba repitiendo internamente como un mantra; esperate. Hoy, muchos años después de oír esa frase por última vez, vino volando desde el espacio sideral con un nuevo significado.
Esperate, date tiempo, no corras.
Esperate, no hay apuro.
Esperate, ya te vas a encontrar.
Esperate, ya te vas a entender.
Esperate, ya vas a llegar.
Esperate, disfruta el camino.
Esperate.

Amigos

Amigos

Aprendí que la comunicación es mas que palabras.
Que el idioma queda chico ante el lenguaje de las miradas
Que la felicidad no percibe diferencias  y la amistad se entiende en un latido.
Aprendí  que los chicos son grandes y los grandes estrechos.
Que la alegría de  vivir es más importante que la carrera por llegar.
Que un abrazo  dice más que mil buen día.
Aprendí la importancia de correr hasta la esquina y reírse a carcajadas,
De reconocerse cada mañana. De un abrazo, un sonido o una mirada.

Dedicado especialmente a nuestros hijos, a los hijos de todos,  que nos invitan a superarnos y a ser mejores cada día; que nos dan la mano y con un besito nos alegran el día. 
Gracias por hacernos felices.
Todas las mamás, todas.