Un cuarto propio, de Virginia Woolf

Por @claritaspina

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Virginia  Woolf expuso en una conferencia en Cambridge una sumatoria de ideas, que luego se editaron y publicaron en un libro llamado “Un cuarto propio”, en el año 1929.

A través de estas palabras, podemos observar cómo ella dedicó mucho tiempo a estudiar y analizar, en lugares como la Biblioteca Británica de Londres (la cual todavía se situaba dentro del Museo Británico), la situación de la mujer. Su situación económica, y todo lo relacionado a la emancipación de la mujer como eterna esclava y sirvienta del género masculino.

 Virginia expone el hecho de que una mujer necesita ganar 500 libras al año y tener un cuarto propio, sin interrupciones o distracciones, para poder realizar su trabajo y labor como escritora, novelista, ensayista o poeta. Ella hace un relevamiento de, primero, el lugar que ocupaba el género femenino en todos los tipos de relaciones humanas: su imposibilidad de elegir realmente con quién contraer matrimonio, y luego, sus castigos si se rehusaban a las elecciones paternas. Castigos físicos de la talla de encierros con llave, golpes y abusos físicos por toda la habitación. Y es muy irónico observar cómo, sin embargo, en la existencia de mujeres en la ficción escrita por hombres, se las mostraba como personas de máxima importancia, muy heroicas, espléndidas, bellas y tan o más grandes que los hombres. Dice Virginia: “emerge así un ser muy raro, mixto. Imaginariamente, de la mayor importancia, pero prácticamente, por completo insignificante”. A éstas conclusiones llegaba ella, luego de pasarse horas leyendo a historiadores y poetas hablando de ellas, las mujeres.

Tiene una firme postura frente al hecho de que para ella alguna suerte de genio debe de haber existido entre las clases media y obrera, cuando aparecen en la historia relatos de brujas echadas al agua, mujeres poseídas por demonios o sabias vendedoras de hierbas naturales. “Pienso que estamos tras los rastros de una novelista perdida, una poeta reprimida”, dice Virginia. Es muy hermosa su conjetura de que “Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer”, y que por otro lado “mujeres víctimas de una lucha interior, procuraron velarse usando nombre de hombre”, como George Eliot, Currer Bell, Ellis Bell y George Sand (entre ellos, escondidas las hermanas Brontë).

Hasta antes de que se produjeran los cambios más drásticos en los lugares que ocupaba la mujer, pensadores masculinos todavía expresaban que la atención a los hombres y su situación de estar mantenidas por ellos por siempre, constituían lo esencial en su ser. Y que nada podría esperarse de las mujeres intelectualmente. Aún en el siglo XIX, a una mujer no se la alentaba a ser artista; se la desairaba, abofeteaba y sermoneaba. Esa situación de inferioridad frente a la superioridad de ellos, obstruía su camino hacia las artes y hacia la política también.

“La historia de la oposición de los hombres a la emancipación de las mujeres es más interesante quizás que la historia de la emancipación misma”.

Hubo un gran salto histórico en esta lucha, cuando apareció Aphra Behn, la primera mujer que pudo trabajar con hombres en términos de igualdad. Aquí comenzó la libertad mental, o la posibilidad de que con el transcurso del tiempo, la mente fuera libre. Ella demostró que se podía ganar dinero escribiendo, más allá de todos los sacrificios que había que hacer para lograrlo. Pero se logró. Y escribir se volvió de importancia práctica.

Gracias a estas primeras mujeres lanzadas a la escritura -precursoras indiscutidas- es que escritoras como Jane Austen, George  Eliot y las Brontë pudieron realizar sus obras. Como dice Virginia: “las obras maestras no son nacimientos individuales y solitarios, sino el resultado de muchos años de pensamiento en común, de modo que la experiencia en masa está detrás de la voz individual”.

Retomemos la idea del cuarto propio. Un espacio donde una como mujer pudiera desenvolverse con total libertad, sin estar bajo la mirada de ninguna otra persona. Sobre todo, ningún hombre. No era posible. Las familias de clase media de comienzos del siglo XIX poseían un único cuarto de estar común para todos. Y si a una mujer se le hubiera ocurrido escribir, tendría que haberlo hecho en ese espacio. Por ejemplo, Jane Austen desarrolló su escritura en ese tipo de sala, sujeta a un montón de interrupciones casuales. Es más, para no ser descubierta escondía sus manuscritos o los cubría con papel secante.

Otra cosa que no tenían, era tiempo para ellas. “Las mujeres nunca tienen media hora que puedan llamar suya”, expresaba la Srta Nightingale, reconocida pionera de la enfermería moderna. Era imposible andar sola para una mujer. No podían viajar o comer solas. Estaban siempre atadas a la presencia de otras personas que las acompañaban.

Pero cuando fueron adentrándose en el mundo de la escritura, los tipos de formatos literarios que escribían, eran novelas. Porque llevaban siglos presenciando y afinando sus sensibilidades frente a todas las personas y sus emociones. En esos cuartos de estar común, se habían grabado en sus retinas y oídos todas las relaciones personales, con sus sentimientos involucrados.

Hay un punto importante, cuando Virginia recalca en que en muchas obras, la sensación personal de la novelista arrasa con la intención real del libro y sus personajes. Y esto se debe a que era tal el hostigamiento, la presión y la no libertad que vivían las mujeres, que por momentos perdían el objetivo de sus novelas y se dejaban llevar por la expresión y catarsis de sus pensamientos y dolencias. Por ejemplo: “en los pasajes de Jane Eyre, es claro que la furia estaba alterando la integridad de la Charlotte novelista. Ella abandonó el relato, al que debía toda su devoción, para atender algún agravio personal. Recordó que la habían privado de su cuota de experiencia, haciéndola estancarse zurciendo medias cuando ella quería vagar libre por el mundo”.

Es sana, potable, buena y duradera la constante renovación entre las ideas y pensamientos de los sexos opuestos. Porque todas nuestras acciones demuestran cierta necesidad y dependencia entre los mismos. Así obtenemos estímulos que quizás de otra manera no podríamos conseguir; el contraste entre ambos mundos nos da renovación y vigor. “Habría en la charla, entre hombre y mujer, semejante diferencia de opiniones que las ideas secas en él se fertilizarían de nuevo”, espeta Virginia.

“Las mujeres han estado sentadas dentro de la casa todos estos millones de años, de modo que para estos tiempos las mismísimas paredes están impregnadas de su fuerza creativa.

Y este poder creativo difiere enormemente del poder creativo de los hombres. Sería mil veces una lástima si lo obstaculizaran o despreciaran, pues se ganó con siglos de la más drástica disciplina, y no hay nada que ocupe su lugar. Sería mil veces una lástima si las mujeres escribieran como hombres, o vivieran como hombres, o tuvieran aspecto de hombres…” y agrego yo, que sería mil veces una lástima si fuera a la inversa también. Porque insisto, nos enriquecemos como seres distintos, gracias a los unos y los otros que nos rodean. Cada momento y en cada lugar. “Una tiene un instinto profundo a favor de la teoría de que la unión de hombre y mujer conducen a la máxima satisfacción, la felicidad más completa”.

Virginia culmina exponiendo que la razón por la que ha insistido tanto en la posesión de dinero y un cuarto propio para emanciparnos económica e intelectualmente, se resume en el simple hecho de que la mujer no ha tenido ni la más remota posibilidad de escribir y valerse por ello en todo este tiempo. Piensa a la vez, en que no quisiera volverse materialista, entendiendo que la mente puede elevarse por encima de estas cosas, y que muchos grandes poetas han sido pobres. Al fin de cuentas, es mucho más importante ser una misma que cualquier cosa. Y nuestros objetivos no tendrían que ser quizás influir en las demás personas, sino pensar en las cosas en sí. Para nuestra mente, para nuestra vida, para nuestro espacio.

“Tiene que darse en la mente alguna colaboración entre la mujer y el hombre antes que el arte de creación pueda lograrse. Tiene que consumarse algún matrimonio de opuestos. La mente entera tiene que estar abierta de par en par si hemos de conseguir la sensación de que el escritor está comunicando su experiencia con absoluta plenitud. Debe haber libertad y debe haber paz.

Pues el estado normal y cómodo del ser es aquel en que los dos viven juntos en armonía, cooperando espiritualmente”.

clarita

Cuisine

Por @claritaspina

Reencontrarnos con la cocina en nuestros ratos libres

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El tiempo libre nos permite dedicarnos a lo que más nos gusta. Esas pasiones guardadas o esas curiosidades restringidas salen a volar y dispersarse sin límites cuando les damos el permiso.

La cocina nos envuelve, porque intercede en todos nuestros sentidos, y nos devuelve tanto amor, entrega y satisfacción como nosotros entregamos.

Ponerse a cocinar. Desenvolvernos con todas esas posibilidades ilimitadas de creación, que nos producirán tanto bienestar.

Porque existe ese espacio tan íntimo y personal donde podemos elegir ser quienes somos, sin ninguna atadura o compromiso de por medio.

Creo que es una de las sensaciones más bellas, animarse a probar e intentar realizar lo desconocido, con todo el miedo a equivocarnos y de que las cosas no salgan como una esperaba. Ahí está la adrenalina del arte de cocinar.

La sensación es similar a cuando sacábamos fotos con cámaras a rollo, y no sabíamos cuáles serían los resultados de nuestras fotografías hasta que las revelábamos.

Esa incertidumbre está. Hasta que abrimos el horno o levantamos la tapa de la olla y observamos qué genialidad; todos nuestros ingredientes se amalgamaron y decidieron ser esta cosa maravillosa y expectante que estoy observando.

Propongo entonces, que hundamos nuestros dedos en las masas, que probemos desprolijamente los sabores de nuestras preparaciones; que seamos libres de elegir, hasta en la cantidad de harina que creemos que nuestra torta necesitará.

Como suele decirme una amiga: “con todas esas cosas ricas que le pusiste, ¡es imposible que eso salga mal!”

 

clarita

Un recuerdo fugaz

Por @claritaspina

¡Griselda Tessio vuelve a Bendita Bohemia!

Esta vez nos invita a viajar al pasado, hacia unos lejanos años por la Ciudad de Santa Fe…

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Ph. Carla Pezé

Todas las mañanas muy temprano, un grupo de adolescentes se cruzaba con un joven solitario por Boulevard Gálvez, a la altura de calle San Martín. A veces un poco antes. Era evidente que ellas y él caminaban hacia sus colegios: a las Adoratrices ellas, y él, suponían que a la Escuela Industrial, ya que llevaba carpetas de diseños y una regla T.


En las frías mañanas de agosto o septiembre, cuando empezaban a florecer los lapachos tapizando de rosado las anchas veredas, o más tarde en octubre, con los jacarandaes y el aroma a los jazmines, para terminar ya el año en noviembre, con las brasas encendidas de los chivatos; ese camino podía ser una fiesta.


Ellas iban en bandadas como las golondrinas, riendo felices a pesar, tal vez, de la prueba de Física que las esperaba, sin dejarse atemorizar por los desgarros de la vida que a veces las azotaban. Había una en especial que no quería dejarse vencer y soñaba con futuros de gloria aunque su presente no era luminoso como el de muchas de sus compañeras. Por eso, mientras gozaba del aire frío que inundaba sus pulmones o del primer helado de vainilla del verano, el cual dejaba en la boca un sabor a árboles del Trópico, reía igual que las otras, con despreocupación, pero cerrando los ojos y yéndose lejos cada tanto, sonriendo apenas y mirando en escorzo.

 

Era una de ellas, de las que reían y gritaban pero no lo era del todo. Tal vez porque no gritaba, tal vez porque era distinta, tal vez porque era la estudiosa, la reservada. Tal vez porque escondía muchos secretos que solo a su diario confiaba hasta que un día lo perdió y creyó morir cuando su madre le dijo que en realidad no había habido pérdida sino secuestro y que pensaba enviarlo a la Hna. Directora para que supiera qué clase de persona era.


Esa era la que cruzaba miradas con el joven moreno y a ambos la risa les subía por los ojos, mientras que las miradas se enhebraban en rizomas.
Las compañeras empezaron a darse cuenta y la algarabía se hacía más ruidosa al divisarlo de lejos y esperar el momento en que se cruzaran los pasos. Había chanzas y algo parecido a la envidia para la que había merecido la atención del muchacho.


Una mañana de los encuentros silenciosos, a la chica de las miradas profundas y caídas de ojos como Marlene Dietrich, justo en el momento en que casi se tocaban al cruzarse, se le cayó algo tan prosaico como una escuadra, y él, rápido como un ciervo, se agachó a recogerla y entregarla con el susurro de “gracias” de ella, más pensado que musitado. Por unas cuadras nadie habló. Muchas de las muchachas creyeron que ella había dejado caer su escuadra de intención y se asombraban que la más seria del grupo se hubiera animado a tanto. Porque así eran las cosas por entonces.


Luego vinieron las vacaciones y nunca más vieron al joven de mirada profunda. Nunca supieron su nombre ni dónde vivía.
Ella lo borró de sus recuerdos porque ni siquiera había un recuerdo que guardar.


Hoy ella es una mujer que camina hacia la ancianidad y todos los días recoge fragmentos, breves luminosidades de ese largo camino que fue su vida y atesora momentos felices que la hacen sonreír con nostalgia; o aquellos otros, los peores, los que aún duelen y a veces, aún ahora, llora con desgarro, con desesperación porque sabe que no puede volver a aquellos días a recuperar nada y menos a perdonar. Entonces siente que se hunde en aguas negras, en zambullidas bajo la marea oscura hasta que el deseo la sacude y vuelve a respirar, con la línea de la costa a lo lejos. Sabe, eso sí que lo sabe, que hombres bellos como ése de la regla T y tantos otros que pasaron a su lado y ella casi sin verlos los dejó pasar, no volverán jamás.

Griselda Tessio

 

clarita

 

El túnel – Ernesto Sabato

Por @claritaspina

 

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Hay algo que se conecta con la realidad actual que se me vuelve temeroso y desopilante. Sé que los trasfondos psicológicos y las corrientes filosóficas que envuelven y definen a esta historia son muchas más de las que voy a nombrar.

Sin embargo, me resulta inevitable no exponer la primera relación que me viene a la cabeza. En la primera página del libro, Juan Pablo Castel –el personaje principal– nos pone al tanto del suceso central que será el final de la historia. Directo. Sin ningún tipo de introducción. Una mujer joven llamada María perderá la vida culpa de su locura e irraciocinio. Luego de marchas como la del pasado viernes 3 de junio, este tipo de homicidios pasionales quedan en el foco central de la lucha, de la igualdad, de los derechos respetados. Sabato concebía esta situación particular como el inevitable desenlace de un loco enamorado que se entera que lo engañan. Pero no contaba con que se iría volviendo tanto más repudiada e incomprendida a lo largo del tiempo.

Esto sucede con todas las obras, con todo el arte. Cómo se desactualizan, se descontextualizan. No obstante, quiero creer que en 1948, en el fondo de las consciencias de muchas o varias personas, no estaba bien el matar por amor. No estaba bien el quitarle la existencia a una mujer por su desamor.

El túnel es una historia corta. Se desenvuelve en un contexto porteño, urbano y argentino. Pero a medida que se suceden las páginas, da la sensación de estar atravesando los hechos en un ambiente sin horarios, sin días… la noche y el día, la luz que aparece o se apaga, los viajes a pie, en auto, llevados por dos piernas complicadas o por un alma en estado de puro delirio…

Emociona el escuchar muchos pensamientos ingenuos de Castel; cómo ve el mundo y cómo se ubica en ese contexto. También produce una extraña impresión atestiguar las voces en su cabeza que no lo dejan pensar con claridad y lo acompañan en ese camino tenso y destinado al final más horripilante.

La obra más importante de Sabato está incluida en un listado de otros cuatro títulos ubicados dentro del existencialismo: La náusea (1938) de Jean-Paul Sartre, El pozo (1939) de Juan Carlos Onetti y El extranjero (1942) de Albert Camus. Éstas se encuentran narradas en primera persona, en un tono testimonial, en donde sus protagonistas se enfrentan a la falta de sentido de la realidad, no encajando en el mundo y coquetean con la idea de la muerte.

Eso es lo que tiene la acción literaria. Cómo nos permite identificarnos con personajes, cuando el no encajar o vivir en realidades a veces paralelas parece mucho más cotidiano de lo que alcanzamos a concientizar.

 

Ficha técnica

Título: El túnel

Autor: Ernesto Sabato

Editorial: Planeta

Año de edición: 2012

Temática: Novela psicológica

 

clarita

Ordenar la biblioteca

Por @claritaspina

Clarita Spina presenta a Griselda Tessio, e invita a conocer sus escritos que nos trasladan hacia esos costados mágicos e íntimos de nuestras almas.

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Que no es buena cosa ésta de andar ordenando bibliotecas.

Porque es como las noches de ronda, que hacen daño, que dan pena, que se acaba por llorar.

En verdad, durante cuatro largos y agitados años se fueron acumulando libros regalados y comprados,  documentos, carpetas, objetos imprecisos y prescindibles, mapas, banderas, relojes, bandejas y cosas varias imposibles de encontrarles lugar adecuado, suponiendo que una quisiera encontrar un lugar.

Entonces la idea de ordenar el caos parecía atractiva, pero no contaba con la real dimensión del caos. Sabemos que “en el principio era el Verbo”, y el caos de las bibliotecas es doblemente caótico porque es el desorden de la palabra de la que suponemos ordenaría el caos primigenio.

Empezamos a convencernos de que hay libros que, más allá de todo fetichismo, debemos regalar y tratar que caminen solos; hay libros que no volveremos a leer y otros que nunca hemos leído ni vamos a hacerlo; hay algunos patéticos en su presuntuosidad y otros pobrecitos en su nadería. Pero hay otros -¡ay esos otros!- que leemos y releemos, y de los cuales somos amigos después de intensas batallas de las que salimos, ambos, extenuados.

La biblioteca es un gran cubo de tiempo resguardando lo que suponemos es el saber, pero también es una caja de espacio que invade cada vez más territorios. Por eso se hace necesaria la tarea de seleccionar que, como cualquiera sabe, es una forma de censura.

Y entonces armamos cajas, bolsas y maletas. A alguna biblioteca pública en formación van a ir a parar, porque las bibliotecas se reproducen y tienen hijos que es necesario abrigar hasta que caminen solos. Aún los que hemos desechado no es con indiferencia que preparamos su exilio.

Al final de la tarea, el espacio conseguido es escaso porque muchos sentenciados tuvieron su amnistía a última hora, y el orden que nos impusimos con el método necesario como para que no siempre se nos pierda el texto que necesitamos urgente, o aquel que contiene el poema que justo en ese momento quisiéramos leerle a alguien; ese orden digo, no sirve. Porque nos damos cuenta que los libros han empezado a tejer sus redes de telarañas, que dialogan y casi que saltan de lugar para esconderse o agruparse como les gusta.

Creemos ordenar la biblioteca pero en realidad son los libros los que nos ordenan.

Allí una se da cuenta de los libros que se nos han perdido quién sabe dónde: las Vidas paralelas que era de mi padre, o el Robinson Crusoe edición bilingüe que no aparecen. Y pienso en alguien que asaltó mi biblioteca como los vándalos de Algerico llevándose las obras de Thomas Mann o La flauta de jade comprada en Buenos Aires a mis quince años. Aunque, debo decirlo, encuentro otros dedicados con amor con su letra de escuela primaria.

Y otras dedicatorias se van abriendo paso: la de mi amigo Angel Gertel en los cuentos de Rozenmacher, o algún texto de Weber que era de Alberto Tur y su muerte me sorprendió sin devolverlo. Y otros de los amigos que ya no están pero aún siguen conmigo.

Entonces, ordenar una biblioteca es, aunque no lo sepamos, interpelar a la memoria. Cada libro es una fecha, una etapa que fue pero sigue estando en un objeto que articula palabras, ideas, utopías.

Al anochecer del primer día del emprendimiento de la faena empecé la lectura de La biblioteca de noche de Alberto Manguel, el genial escritor de La historia de la lectura. Allí encuentro que, casi es obvio aclararlo, el libro resignifica las bibliotecas como guardianes de la memoria de otros libros y otros hombres. ”Si una biblioteca es un espejo del universo, un catálogo es un espejo de ese espejo”. Manguel lucha por confeccionar su catálogo; yo ya he renunciado a ello.

En las tardes de invierno, con la lámpara ya encendida y escuchando los pájaros que vuelven a sus nidos, mi biblioteca, aún en desorden, es la caverna originaria, el lugar de los relatos antiguos, el madero que salva de las aguas de las heridas.

Griselda Tessio

 

clarita

“La elegancia del erizo”Muriel Barbery. Club de Lectura

Por @eugemiqueo

No tenía idea quien era la autora y no había leído ninguna reseña de este libro que me llamaba sin descanso desde hace varios meses. Finalmente tome riendas en el asunto y lo conseguí usado y en excelentes condiciones. Lo había esperado tanto, tenía tanta ansiedad por leerlo, aún sin saber si quiera de qué se trataba, que no había manera de que saliera bien. El libro estaba destinado a fallar en su misión de colmar mis expectativas por más bueno que fuera. Pero, al vagabundear en mis pesimistas expectativas no tenía en cuenta que La elegancia del erizo escrito por Muriel Barbery, autora francesa y profesora de Filosofía, es realmente un libro maravilloso, mágico y hermoso. Es una historia simple que permite la lectura en varios niveles porque brinda una cantidad de información sobre arte, filosofía, psicología y sociología impresionante y que está narrada en una forma bellísima, casi poética. La historia está narrada por sus dos personajes principales, Paloma y Reneé , brillantes, tiernas y solitarias criaturas, que hacen un culto del placer de las cosas cotidianas, la amistad, el arte y la belleza.

(…) “Sí, el universo conspira a la vacuidad, las almas perdidas lloran la belleza, la insignificancia nos rodea. Entonces, tomamos una taza  de té. Se hace el silencio, fuera se oye soplar el viento, crujen las hojas de otoño y levantan el vuelo, el gato duerme, bañado en una cálida luz. Y, en cada sorbo, el tiempo se sublima.(…)”

De lectura lenta y apacible, recomendado únicamente para almas sensibles.

Euge Miqueo


Por @clarita_spina

Lo que construye la conexión entre un lector y la historia contada en un libro en particular, son los personajes. La mayoría de las veces. Esos agentes indispensables que conforman la vía de expresión de los escritores.

La elegancia del erizo me produjo una sacudida interna para poder darme cuenta de eso. No es la primera vez que sucede, sin embargo, fue una de las veces que más me quedó impregnada el alma de ellos. Los personajes.

Me acerco a la composición que les brinda Muriel Barbery: una avasallante personalidad a cada uno; describiendo sus mentes, sus ropas, sus andares y los sonidos de las voces que les rondan por las cabezas. No imagino otra manera de identificarme y sentirme parte de la historia.

Porque cuando a un lector le permiten ese espacio para convivir en el relato, éste puede dejarse llevar por los mares violentos y tomar posturas más arriesgadas y comprometidas. No basta el simple lugar pasivo y olvidado; vale más la compenetración compleja y audaz.

Es algo hermoso poder ser testigo de relaciones y posturas, siendo éstas únicas y especiales. No es que todo en este mundo tiene el mismo valor, el mismo peso y las mismas consecuencias en nuestras existencias. A veces, resulta bueno saberlo a tiempo. Otras veces es sorprendente lo que trae la vida, sin previo aviso, en cualquier momento, presentado inexplicablemente.

Una decisión radical considero a ser y crecer de manera conjunta con los seres recurrentes de nuestros caminos.

Hace falta eso, nada más. Caminar.

clarita

 

 

 

Ficha técnica de La elegancia del erizo
 
Título: La elegancia del erizo
Autor: Muriel Barbery
Editorial: Grupo Editorial Planeta – Sello Booket
Año de edición: 2016
Temática: Narrativa francesa

Para los que se fanaticen tanto como nosotras con éste libro, les dejamos el link de la película completa y en español. ¡Véanla solo después  de leer el libro! Y si disfrutan de las cosas sencillas, como un rico té o una linda mesa, visiten el blog de Marina, Solo para Mi, que es realmente precioso.

(…) “Me  digo, que al  fin de cuentas quizás eso sea la vida: Mucha desesperación pero también algunos momentos de belleza dónde el tiempo ya no es igual”(…)

Sin dudas, éste libro y ésta película, ¡son una belleza!

¡Buen fin de semana!

A Sangre Fría- Truman Capote

Por @claritaspina

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Cómo documentar la desaparición física, espiritual y emocional de alguien. La víctima en cuestión, poseía una vida, un futuro y una cantidad de anhelos y objetivos propios. Quién toma el control de su vida y decide quitarle el derecho a seguir viviendo. El derecho a respirar todos los días, en esta tierra, con las demás personas que existen a su alrededor.

Hago hincapié en este tipo de cuestiones y sensaciones porque en el libro de Truman Capote -primera novela de no ficción en el género literario-, se pone en jaque la vida y la muerte desde distintos lugares.

Por un lado, tenemos a la familia asesinada. Cuatro integrantes que corresponden a la “familia tipo”, refiriéndose a una madre, un padre, una hija y un hijo. Sin embargo, en el seno familiar yacen realidades complicadas en donde se entremezclan la depresión, y la exigencia y responsabilidad en su forma perfecta y prolija. Recalo en que vale la pena el recordatorio necesario de no olvidarnos de situarnos en una época y un lugar geográfico donde muchas de estas implicancias sociales eran la regla y la norma. También lo común.

Por otro lado, tenemos a los dos asesinos. Que si bien llevan a cabo el homicidio de cuatro personas ajenas a ellos, su destino también termina enredado y determinado con la muerte.

Entonces, ¿quienes son las personas realmente responsables de quitarle la vida a alguien, sea un inocente o un culpable criminal? Corría el año 1959, y la cuestión radical de la pena de muerte dividía a los grupos sociales de manera tajante, como lo hacen hoy en día temas relacionados a la homosexualidad, el matrimonio igualitario y el aborto.

Capote desarrolla a lo largo de esas 315 páginas, una estudiada acumulación de información y testimonios imprescindibles para comprender el homicidio de la noche del 15 de noviembre, la fuga de los criminales y la resolución del caso. Tema aparte y difícil de digerir es el inevitable final de los dos implicados.

A sangre fría se caracteriza por ser una novela inquietante. En muchos momentos, conmovedora, por la inevitable identificación que uno puede ir sintiendo con muchos de los personajes.

Y continúo cuestionando, ¿qué sensación de poder o distinción se le otorga a uno cuando puede poseer la vida de otro en sus propias manos? ¿Será que todos estamos construidos para no quedar indemnes de dicha concepción?

clarita

Ficha técnica

Título: A sangre fría

Autor: Truman Capote

Editorial: Sudamericana – Colección Narrativas

Año de edición: 2006

Temática: Novela de no ficción