Cuentas claras

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Te he pedido perdón

varias veces cada día.

Lo he pensado, rezado

soñado y cantado

pero sobre todo

lo he esperado.

Me gustaría

que un día

me digas la forma

de lograrlo.

Si hay intereses,

indemnización

o multa,

te la pagaré

en gramos de poemas

hasta quedar saldada…

la inspiración

que te debo

y la inquietud

que te he provocado.

El perdón

que te debía

ha quedado cancelado,

no tengo pruebas.

Los pagarés estarán

colgados  en algún

árbol lejano;

o se habrán

volado entre

las hojas de otoño.

Y cuando nada

nos debamos

podríamos comenzar

nuevos créditos

apenas como empezamos,

aún necesitamos

y tenemos

distintos capitales…

complementarios.

5

Ilustración: arte instantáneo de Angélica. Gracias Angie.

Poema dedicado al cierre de balance del año viejo.

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Clara

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Cuando la conocí, ella tenía 13 y yo 17, sin embargo, ella parecía mucho más adulta que yo. Decía lo que se le antojaba sin medir consecuencias, parecía muy segura de sí misma y ya contaba con algún novio en su joven prontuario .
Su opinión nunca pasó desapercibida, su juicio, tan severo como certero, no condice con su tono dulce y aniñado. Injustamente, se la ha catalogado de fría y arrogante, pero quienes lo hicieran no conocían su joven sabiduría. Nunca divisé en ella un ápice de temor, jamás la vi temer a nada ni a nadie. De su desfachatez sólo la salva su dulzura y su mirada, que en un vuelo de pestañas encanta con ternura y fascinación.
Fue maestra y ejemplo a seguir en materia de honestidad y seguridad. Ministra de amistad y lealtad.
Nosotros, los mortales, vamos al psicólogo, al gurú y nos devoramos los libros de la sección autoayuda. Clara, es. Simplemente. Bella, sabia, clara. Amiga como pocas, fiel como ninguna.
 Euge Miqueo

De Misiones con Amor

SoledadDe todas mis amigas, ninguna abraza como ella. Pecho ancho y generoso, brazos fuertes, risa aguda y abundante. Cualquier pena es más liviana cuando Soledad te abraza. Abandonarse en sus brazos, sentirse rodeada y escuchar su sonrisa cuando a modo de consuelo dice  “mamita”, estirando un poco la “i”, es lo más parecido a volver al seno materno.
De su Misiones natal trajo sus sueños y modismos. Su particular forma de musicalizar las palabras se adhirió a la valija cargada de proyectos de carrera y de familia. ¡Pero Buenos Aires puede ser tan lejana! Te recibe pero no te cobija. Te conquista y te abandona.
Hace rato lo intuía, pero preferí ignorarlo, albergar una nueva esperanza. Quizás consiga lo que vino a buscar, quizás éste sea su lugar.
De sólo pensarlo se me aprieta el alma y se me anuda en la garganta. ¿Quién me va a abrazar ahora que se vuelve a su tierra colorada?
Tanta tecnología sofisticada y ninguna que sirva para contener abrazos.
Al fin y al cabo, no hemos evolucionado nada.

Euge Miqueo

Perfume importado

Hablamos otro idioma
Viste unos jeans oscuros, una blusa sin mangas y tacos altos con plataforma. Lleva una cartera, de primera marca, colgada en el antebrazo y a pesar de que el día se terminó hace ya rato, todavía su perfume importado impregna el ascensor.
Oprime el doce mientras hace tintinear sus pulseras de plata. Me saluda cortésmente con un tono afectado y una media sonrisa. En su mirada adivino cierto desprecio en el que se cuela la curiosidad. Doy un paso hacia atrás y cada una se ubica en una punta distinta del diminuto ascensor. En algún momento fuimos cercanas o al menos lo parecimos.
Revuelve en su cartera y agarra el celular. Fingir no es lo suyo y con un suspiro devuelve el teléfono al bolsillo de la cartera de dónde lo sacó. Sus ojos dicen cosas que ella no se anima a preguntar.
Me vuelve a sonreír mientras mira de reojo el colorado dos que pasa a ser un tres. Con un aire de superioridad busca algo que decir.
Sonríe forzada nuevamente.”¿Como está el nene” pregunta finalmente.
Euge Miqueo

Sueño

Sueño

Íbamos caminando por la rivera del río, en Vicente López. Era un día lluvioso y frío pero no importaba, ese día había magia. Habíamos conversado por horas, con un nivel de conexión poco usual, aún entre dos amigas íntimas. Como si los límites de la personalidad se borraran y la conciencia de unidad nos embargara. El tiempo transcurría más lento, casi eterno. “¿Sabés lo que soñé anoche?” dije, como introducción a mi relato, y pasé a describir lo que recordaba. Se sonrío, me miró y sentenció:

“Yo también lo soñé”.

Euge Miqueo

La pitonisa

El fuego nos reune
La conocí cuando tenía información, cuando su bagaje cultural era tanto mayor que su dominio emocional. La ví atrás de un mostrador y supe en el instante que íbamos a ser amigas; todavía no era lo que sería, pero sus ojos claros y algo caídos me contaron lo que venía. No lo supe de inmediato, solo sentí la gran fuerza que nos unía.
Los años convirtieron su conocimiento en sabiduría, se transformó , rompió la cáscara y dejó salir lo que había.
La pitonisa, la mujer hecha sabiduría.
Su palabra justa, su consejo sabio. Su ternura siempre y la complicidad a mano. Años y lustros de eterna compañía. El fuego nos reúne una vez más, como siempre, para compartir la vida.
Euge Miqueo