Pasional

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Rebasaste toda

mi legalidad.

Imperaste en mi

vulnerabilidad.

Fuiste el extremo

de mis excesos.

El tembladeral

de mi equilibrio.

La posible sinrazón

imposible.

El riesgo

de toda seguridad.

La potencia vital

en su esencia.

La locura que sólo

reconoce cuerdas musicales.

El punto “G” de mi tiempo,

eternidad soñada.

Fuiste…la pasión.

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Oleo “Mujer del sombrero” de Enrique Crivellari.

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Prometo

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Y me haz amado

con las líneas de gesto en mi frente

y algunas arrugas que afean el mediterráneo de mis ojos celestes.

Me avergüenza la vejez y el tiempo perdido

que sospechas a trasluz de mis vestidos prestados .

Yo sólo tiendo a imaginarte en un transcurrir pasado

amando hasta el mínimo efecto de tus años cansados.

¿Por qué no existen lentes para  ver de cerca sueños dorados?

para seres que vuelan entre cuerdas astrales

y es tan fétida la podredumbre del tiempo que  lastima

que da lástima mi segunda adolescencia inventada

que me arde y te llama.

Quisiera un cuarto oscuro

donde voces y risas nos guíen

y aparezcan en materia corpórea lo más bellos que fuimos

pero en vibraciones todo lo que ahora sentimos,

perfección de universo y eternidad de tiempo.

No sé cómo, ni cuándo o dónde

pero antes de partir te abrazaré… por un momento.

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Obra “Puerto Montt”  (Agua fuerte/ agua tinta) de Lucy Mattos. Museo Lucy Mattos. Arte contemporáneo.  Av. Libertador 17.426. Tel. 4732.2585 o 4747.1942. San Isidro. Bs As.

Poema del libro “Custodios”

Animal desalmado

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Y el ánima se encontró

al fin con el animal.

Pensó que serían compatibles

pues a ella sólo

le faltaba una letra,

la “L” para ser como él.

Nunca le faltó tan poco

para encontrar su par.

¡Sorpresa…sorpresa…!

la “L” que le faltaba

a ella era de animal

pero la que tenía él

no era de alma.

Entonces se dio cuenta

que era una bestia.

Más que nunca se distanciaron

con soledades para siempre

irreconciliables.

5

Grabado de Leopoldo Di Salvo. Título “Gótico”. Mención especial, municipalidad de Tres de Febrero-Sapi (pequeño formato) 2009.

Recuérdame en rojo

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Recuérdame en rojo

como la piel de la manzana

que estalla ante la mordida

sometiendo la compuerta

de un disfrute de pulpa fresca y jugoso.

Recuérdame en rojo como

bocanada de granada,

rebelde y defraudada,

que se reserva en su entrega

las semillas duras que

que al final desechas.

Recuérdame en rojo

Como el vino en las copas

al trasluz de las velas.

Recuérdame en rojo

como el primer raspón

en la carne nueva del niño

que le avisa su humanidad

de funeral y de magia.

Recuérdame en rojo

como la cubierta

del cuaderno de sociales

que buscamos toda

una noche en quioscos búhos

para que nuestro hijo

conociera la responsabilidad

de cumplir.

Recuérdame en rojo

cuando se acerque mi oscuridad  negra,

cuando mi abrazo sea gris

y mi corazón necroso.

Recuérdame en rojo

junto al momento de estar juntos,

junto a pilares colosales

llenos de sabia humana

de adornos de navidad

y moños de regalos.

Recuérdame en rojo

cuando los demás

crean conocerme en celeste

guíñame un ojo

y recuérdame en rojo.

5

Joya de Lucy Mattos. Museo Lucy Mattos. Arte contemporáneo. Becar. San Isidro. Bs As.

Poema del libro “Custodios Sigue leyendo

Dime Vera

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Dime Vera

cómo es el vocabulario

de ese idioma visual

que tu me enseñas.

Dame recetas

de morteros

de formas y de colores,

llévame al equilibrio

para que mi dibujo

no caiga de ningún lado.

Dime Vera

cómo se construyen murales

que nunca formarán cárceles

y  con qué otras dimensiones de

 la libertad  me sorprenderás

la próxima clase.

Te digo

que te encontré a la vera

de mi camino de palabras,

y ellas, tan devaluadas,

enredadas, arbitrarias y espiadas

se pusieron celosas

de mis nuevas alas.

Al principio se sintieron relegadas

pero han entendido

por fin esta magia,

tan expuesta

y a la vez inviolable,

global y democrática.

Que vean, que por cualquier medio

cualquiera vea las obras,

no sabrán mis sentimientos

ni siquiera es lo importante,

con sus sentimientos basta.

Te digo Vera

que  me haz liberado del espionaje

de los símbolos externos convencionales,

por primera vez

sé para mí, porque se sonríe

la Mona Lisa.

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En el día de su cumpleaños, autorretrato del artista plástico Fernando Marcelo Vera, mi primer profesor de arte, quien en dos minutos, sobre el plástico desgarrado de nuestra mesa de trabajo se dibujó.

Yo le dije gracias con este poema.

Revelación

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Certero y orientado entraste

tras la pedrada

del niño en la ventana.

Iglesia silenciosa

inmutable ante el estruendo

casi solitaria,

de rodillas yo rogaba.

Me pegaste en el pecho

y lo marcaste,

broche humeante dejaste

en la gruesa solapa del tapado

¡hacía tanto frío!

Nunca más pude sacarte

desde entonces

soy nido de un rayo.

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Foto. Hnas. Trapenses. Hinojosa B.A.)

El tilo de la vereda

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De derecho real de dominio pleno

 te plantaron en el límite lindante

a mi pequeña vereda,

marcando el terreno de sus inmensidades

verdes, prolijas y nuevas,

no sabían el favor que hacían.

Creciste lentamente inclinándote

más y más hacia mi pobre espacio,

no alcanzaron los tutores que te pusieron

para  corregir tu celo.

Hasta que un día te vi tan rubio y bello

como un David en movimiento,

reclinado, entregado con ternura

esperando que me detuviera a mi regreso;

y ese rito mío de saludar al cielo

te encontraba a diario entrometido y risueño,

cuando me resistía a tu galanteo

te derramabas en una alfombra de flores amarillas

diciendo: “si no me quieres me muero”.

Las primeras veces fingiendo que me abría paso

te acariciaba distraídamente,

más y más bajaban y me buscaban tus ramas

hasta que sucumbí he inventando perfume te besaba

y con esa cachetada de realidad que nos envejece

me dijeron: “qué tanto con ese Tilo… si no huele a nada”.

Mentira contesté ofendida, huele a mañana temprano

a aliento de niño recién nacido y a silencio cuando respiro

la esperanza que el teléfono que suena sea su llamada.

Para no enloquecer de sentimiento un juez imparcial

vino a mi auxilio, mi nieta con su niñez de terciopelo

oliendo tu flor dijo: ”es muy suave… pero huele”,

toda mi trascendencia quedó salvada.

Llegó noviembre con esa tristeza mía que me acompaña

y te llenaste de vainas… parecía que también llorabas.

Pero pronto comprendí que era tu traje de gala

lleno de flecos y que …madurabas.

Un día, uno de tantos, al abrir la puerta hacia mi entrada

en un rincón del suelo, en una grieta, una planta asomaba

con tus mismas hojas en pequeño y también con tu mirada.

¡Será de Dios…! Que apenas a unos pasos pero de mi lado

un hijo tuyo me has dado.

Nacido sin futuro, en lugar inadecuado, sin esperanza

no resistirá el trasplante entre cimientos y caños

pero crece tan insolente y fuerte que no me queda más

que disfrutar su existencia, atrapar su osadía

y repartir mis besos si llegan a florecer sus ramas,

después de todo ¿quién puede tasar la alegría?

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          Poema del libro: “Custodios”.