Ordenar la biblioteca

Por @claritaspina

Clarita Spina presenta a Griselda Tessio, e invita a conocer sus escritos que nos trasladan hacia esos costados mágicos e íntimos de nuestras almas.

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Que no es buena cosa ésta de andar ordenando bibliotecas.

Porque es como las noches de ronda, que hacen daño, que dan pena, que se acaba por llorar.

En verdad, durante cuatro largos y agitados años se fueron acumulando libros regalados y comprados,  documentos, carpetas, objetos imprecisos y prescindibles, mapas, banderas, relojes, bandejas y cosas varias imposibles de encontrarles lugar adecuado, suponiendo que una quisiera encontrar un lugar.

Entonces la idea de ordenar el caos parecía atractiva, pero no contaba con la real dimensión del caos. Sabemos que “en el principio era el Verbo”, y el caos de las bibliotecas es doblemente caótico porque es el desorden de la palabra de la que suponemos ordenaría el caos primigenio.

Empezamos a convencernos de que hay libros que, más allá de todo fetichismo, debemos regalar y tratar que caminen solos; hay libros que no volveremos a leer y otros que nunca hemos leído ni vamos a hacerlo; hay algunos patéticos en su presuntuosidad y otros pobrecitos en su nadería. Pero hay otros -¡ay esos otros!- que leemos y releemos, y de los cuales somos amigos después de intensas batallas de las que salimos, ambos, extenuados.

La biblioteca es un gran cubo de tiempo resguardando lo que suponemos es el saber, pero también es una caja de espacio que invade cada vez más territorios. Por eso se hace necesaria la tarea de seleccionar que, como cualquiera sabe, es una forma de censura.

Y entonces armamos cajas, bolsas y maletas. A alguna biblioteca pública en formación van a ir a parar, porque las bibliotecas se reproducen y tienen hijos que es necesario abrigar hasta que caminen solos. Aún los que hemos desechado no es con indiferencia que preparamos su exilio.

Al final de la tarea, el espacio conseguido es escaso porque muchos sentenciados tuvieron su amnistía a última hora, y el orden que nos impusimos con el método necesario como para que no siempre se nos pierda el texto que necesitamos urgente, o aquel que contiene el poema que justo en ese momento quisiéramos leerle a alguien; ese orden digo, no sirve. Porque nos damos cuenta que los libros han empezado a tejer sus redes de telarañas, que dialogan y casi que saltan de lugar para esconderse o agruparse como les gusta.

Creemos ordenar la biblioteca pero en realidad son los libros los que nos ordenan.

Allí una se da cuenta de los libros que se nos han perdido quién sabe dónde: las Vidas paralelas que era de mi padre, o el Robinson Crusoe edición bilingüe que no aparecen. Y pienso en alguien que asaltó mi biblioteca como los vándalos de Algerico llevándose las obras de Thomas Mann o La flauta de jade comprada en Buenos Aires a mis quince años. Aunque, debo decirlo, encuentro otros dedicados con amor con su letra de escuela primaria.

Y otras dedicatorias se van abriendo paso: la de mi amigo Angel Gertel en los cuentos de Rozenmacher, o algún texto de Weber que era de Alberto Tur y su muerte me sorprendió sin devolverlo. Y otros de los amigos que ya no están pero aún siguen conmigo.

Entonces, ordenar una biblioteca es, aunque no lo sepamos, interpelar a la memoria. Cada libro es una fecha, una etapa que fue pero sigue estando en un objeto que articula palabras, ideas, utopías.

Al anochecer del primer día del emprendimiento de la faena empecé la lectura de La biblioteca de noche de Alberto Manguel, el genial escritor de La historia de la lectura. Allí encuentro que, casi es obvio aclararlo, el libro resignifica las bibliotecas como guardianes de la memoria de otros libros y otros hombres. ”Si una biblioteca es un espejo del universo, un catálogo es un espejo de ese espejo”. Manguel lucha por confeccionar su catálogo; yo ya he renunciado a ello.

En las tardes de invierno, con la lámpara ya encendida y escuchando los pájaros que vuelven a sus nidos, mi biblioteca, aún en desorden, es la caverna originaria, el lugar de los relatos antiguos, el madero que salva de las aguas de las heridas.

Griselda Tessio

 

clarita

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2 pensamientos en “Ordenar la biblioteca

  1. Muy bello este artículo. Realidad y poesía.
    Acomodé mi biblioteca hace poquito… Me sentí muy identificada…
    “Siempre imaginé el paraíso como una especie de biblioteca.” Borges

    Me gusta

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