Nacer a los veintisiete

Por @eugemiqueo

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Nací hace doce años una noche de primavera en un boliche del barrio de Palermo. Había archivado las expectativas y enterrado las esperanzas: El amor era para otra vida.

Como única compañera la soledad me había calado en los huesos pero su prima hermana, la libertad, comenzaba a conquistarme. Hacía y deshacía a mi manera,  sin brindar explicaciones ni recibir reproches; cuando al darme vuelta lo vi: Jean oscuro, camisa bordo, pelo largo que acariciaba los hombros mientras los movía al compás de la música. Él también me miró. Se acercó, se presentó y me pidió una pieza. Seis meses después, vivíamos juntos.

Mi segunda vida se parecía bastante a la primera, sólo que era completamente diferente. Me levantaba temprano, a la misma hora de siempre; desayuna café con leche, lo mismo de siempre; iba a trabajar, al mismo lugar de siempre; tenía tres amigas, las mismas de siempre.

Para el ojo ordinario, poco entrenado, casi nada había cambiado; sin embargo mi nueva vida nada tenía en común con la primera: ya no habito un cuerpo, sino dos. Ahora se con certeza lo que significa sentirse amado; llegar a mi casa tarde y encontrar el pijama preparado en el living y una luz prendida. Tener un día difícil y encontrar un oído dispuesto y  un abrazo a mano, un mate calentito acompañado, un silencio compartido y una caricia para mis pies helados.

 

Euge Miqueo

 

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