De Misiones con Amor

SoledadDe todas mis amigas, ninguna abraza como ella. Pecho ancho y generoso, brazos fuertes, risa aguda y abundante. Cualquier pena es más liviana cuando Soledad te abraza. Abandonarse en sus brazos, sentirse rodeada y escuchar su sonrisa cuando a modo de consuelo dice  “mamita”, estirando un poco la “i”, es lo más parecido a volver al seno materno.
De su Misiones natal trajo sus sueños y modismos. Su particular forma de musicalizar las palabras se adhirió a la valija cargada de proyectos de carrera y de familia. ¡Pero Buenos Aires puede ser tan lejana! Te recibe pero no te cobija. Te conquista y te abandona.
Hace rato lo intuía, pero preferí ignorarlo, albergar una nueva esperanza. Quizás consiga lo que vino a buscar, quizás éste sea su lugar.
De sólo pensarlo se me aprieta el alma y se me anuda en la garganta. ¿Quién me va a abrazar ahora que se vuelve a su tierra colorada?
Tanta tecnología sofisticada y ninguna que sirva para contener abrazos.
Al fin y al cabo, no hemos evolucionado nada.

Euge Miqueo

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2 pensamientos en “De Misiones con Amor

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