“Heidi” de Juana Spyri

Recuperar un libro de la infancia es recuperar sueños tejidos y olvidados. Es recordar quienes fuimos y quienes quisimos ser. Es encontrar la vida que imaginamos y contrastarla con la que logramos. Es vernos en un espejo que nos muestra quienes fuimos. Con espíritu científico conseguí una copia usada y viejísma de Hedi de Juana Spyri. Nunca había leído el libro pero recordaba mi fascinación por los  dibujitos animados y quise averiguar que era lo que me cautivaba, lo que me llevaba a imaginarme ser yo, quien corriera descalza por los prados y cantara “abuelito dime tú”.
Lo supe no solo completé la lectura de las primeras páginas, el contacto con la naturaleza, el estilo de vida simple y un amigo o amiga entrañable eran lo que esperaba de mi propia vida y que se alejaba bastante de mi realidad infantil.
Me mire en el espejo de los sueños, me detuve frente a mi niña interior y pude decirle “no te he desilusionado”
No vivo en los Alpes Suizos ni el medio del campo pero mi terraza llena de plantas me brinda toda la naturaleza y paz que necesito; tengo un estilo de vida simple y armonioso y, a falta de una amiga, tengo seis amigas queridísmas con  las que formamos un grupo de mujeres increíble. En Heidi me reconocí, observé quien quise ser y me felicite por haber hecho de ella, la propia versión de mi misma.

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