Ongamira

Salto de los comechingones
Los españoles los vieron en la cima del cerro; jamás adivinaron lo que vendría. No hay peor infierno que la esclavitud supieron, y se liberaron. Familias enteras saltaron al vacío, confiando en que sus dioses los albergarían. El ego herido de los conquistadores se lleno de odio. Familias enteras lanzándose del cerro, con un grito guerrero los maldecían. Un instante antes de saltar, la niña se dio vuelta y los miró. Su mirada triste y asustada los acecho durante varias noches. De profundo pesar era el rostro curtido de la madre, que con el dolor de mil flechas incrustándose en el pecho tomó la mano temblorosa de su hija, y juntas terminaron con su vida. No había salida, y ella bien lo sabía.
Euge Miqueo
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